viernes, 10 de julio de 2015

Reflejos del pasado

No desayunaba cuentos sobre sueños por haber visto a muchas alas estrellarse bajo ese pretexto, por perderse siguiendo una estrella sin mapa, dejando el camino a su suerte. No confiaba en los extremos que rayaban en blancos y negros, que no veían matices cegados por su lucha de egos. No creía en hadas, pero las dibujada, atraída por todo lo que pudiera volar, por la magia. No había sido fácil pero ya no importaba, no le gustaba abrir heridas cortándose con historias pasadas, con paréntesis abiertos y puntos que parecían incompletos.

Con esos ideales (así escuchó que los llamaban) guardados en la mochila, comenzó un viaje, más tarde comprendería que no la llevaría a ninguna parte. Es increíble el poco tiempo que le toma a uno vaciarse, perder la motivación ante tantos interrogantes. Escribió respuestas con lápiz y las guardó entre bocetos de mariposas, pretendiendo resumir la vida en los versos que dejaba en sus hojas. Observando la belleza de frágiles burbujas, comprendió que lo mejor no tiene por qué ser eterno, que en ocasiones los relojes son tan irrelevantes que es posible detener el tiempo.

Encontré su historia en un pedazo de cielo, uno de los mejores secretos ocultos en los susurros del viento. Aún le gusta saltar entre las nubes, iluminar las noches con sus juegos de luces. A veces, sin querer, nos volvemos a ver en fotos antiguas, me recuerda lo grande que puedes ser cuando eres pequeño, reflejando su sonrisa en la mía. 

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