sábado, 11 de julio de 2015

Lapiceras vacías

Se aspiraba ese aroma a nostalgia que es el triste consuelo de una presencia que se convirtió en humo. Y decidí apagar la música porque ninguna nota se asemeja al tono de esa risa que, al recordarla, suena casi como una burla a un gesto que ya ni se inmuta. Recorrí el papel con mis dedos y me sorprendió lo áspero que se sentía, casi como si no quisiera que lo impregnaran unas letras tan vacías. Tomé la pluma, que igual hubiera sido si tomaba un trozo de hielo porque me congeló las manos, y la apoyé contra el papel.

Pero las letras no salían, por más que lo intentara no querían tomar forma. Como si fueran actores sin guiones, negándose a continuar con una obra que ni siquiera tenía espectadores. No sé cuánto tiempo me habré distraído intentando recordar dónde había ido el público, contando a uno por uno cuando los veía salir por la puerta, porque cuando vi el papel tenía una gran mancha de tinta. Y entonces lo entendí. No era culpa del papel, de la pluma o de las letras. No era la música el ruido, ni la nostalgia la culpable de que estuviera despierta tan tarde. Era yo, una lapicera vacía que intentaba escribir, un actor que enmudeció y olvidó su guión. Era yo quien no podía gritar porque había regalado su voz.

Cuentos de hadas

Pocos ojos son capaces de ver matices donde otros no ven nada
y plasmarlos en paisajes invisibles a través de delicadas palabras
fantaseando entre mariposas sin despegar los pies de la tierra
elevándose a lo más alto sin necesidad de tener alas
Mundos enteros caben en la coreografía de sus letras
con una corona de papel y un bolígrafo como espada
moldea con gotas de tinta realidades de plastilina
Camina entre sueños con una flor en cada huella
haciendo que pierdas el aliento con cada una de sus rimas
Resplandece en las noches frías con el brillo de una estrella
su historia posee una magia distinta a la de cualquier hada
Se oculta entre vacíos un personaje que no se ve a simple vista
en este mundo superficial, como un tesoro jugando a las escondidas.


Alas de papel

Sueño despierta con alas que no se encuentran en los textos, con la mirada perdida buscando flores en el asfalto, flotando entre realidades que no se pueden explicar con conceptos. Juego con la luna sin necesidad de tocarla, susurro a las estrellas con versos y palabras sueltas que oculto bajo la almohada. Me siento obligada a escribir las historias olvidadas en cajones, a jugar con juguetes rotos que el tiempo abandonó en los rincones. Repitiendo sentimientos con los mismos matices pareciera que se tiñen de colores.
 En este ritmo tan repetitivo me gusta encontrar melodías únicas afinando los acordes de la lluvia, pintando con los dedos las esencias que no veo en ningún boceto. Divago entre sin sentidos porque es lo único que comprendo, las formas de lo que no lo tiene y los motivos de lo que está perdido.

Soñar no es tan peligroso como crees, cuando lo que quieres es dejar de pensar, de intentar comprender lo que sientes. Espero que no me malinterpretes, aunque no tenga ganas de explicar. Caer no es tan triste, si lo piensas, es pisar tierra firme (y, a veces, bajar un poco más). El mundo es muy grande, deja que me pierda, seguro me volverás a encontrar, dando vueltas a las mismas ideas, sentada en el mismo lugar.

Es curioso cómo pasan las cosas, tan rápido, y nos dejan atrás. Cómo somos siempre un pasado, recordando a alguien más. Entre tantos vacíos todo parece tan lleno, y no importa, todo deja de importar, cuando desde el suelo te preguntas ¿de verdad tengo algo que extrañar? Está todo en tu cabeza, como esos sueños de los que no quieres despertar. Y no continúan. No vuelven nunca más.

Gotas de confusión


Que rápido gira el mundo y que difícil es no vomitar. Seguir el ritmo del presente evitando ser olvidado. Qué confuso es buscar un camino cuando no sabes a dónde vas, sabiendo lo fácil que es perderse en un presente tan complicado.
Es ver la cara de los demás y preguntarse qué estarán observando, cómo saben qué paso dar, o si siquiera están avanzando. Quisiera saber qué quiere el extraño que me observa desde el espejo, dice que es el presente, pero simplemente no lo entiendo.
Cómo cansa hacer las cosas cuando no encuentras un motivo, como pretender pintar sin colores o escribir con el corazón vacío. Sé que muchos no lo entienden y no pretendo que lo hagan, son sólo palabras que dejo para que no pesen en la madrugada.

Una moneda en el abismo de los deseos

Quiero gritarle al viento que deje de llevarse las promesas, quiero parar el tiempo que va siempre a las corridas. Quiero ver el cielo y sentir, saber, que las estrellas nos observan. Necesito decir algo que no se pierda en el silencio, que se escuche y retumbe en el oído de quienes puedan entenderlo. Quiero llorar y saber que mis lágrimas significan algo.

Me gustaría encerrar a la razón por asesinar la magia, y declararle la guerra a las banderas. Me gustaría ver a alguien ayudar y saber que no es por interés. Me gustaría dejar de memorizar y comenzar a comprender. Exijo ser más que un puñado de fórmulas y conceptos, exijo que escuchen y dejen de gritar. Exijo creer en el amor tanto como creemos en la maldad.

Pero más que nada, espero que en el algún lugar alguien escriba las palabras que respiro, pruebe los aromas que siento, sufra por el dolor que ve, recuerde lo inexistente y llore los imposibles.  Y deseo, de todo corazón, que pueda pintar este mundo que hace tiempo perdió su color.

La infinidad de un segundo

El reloj se ríe y susurra que te duermas. El tiempo no corre, queda parado delante de ti como si se estuviera burlando. Espera que avances, te reta a hacerlo, sabiendo perfectamente que no puedes. Es hasta gracioso, tantas veces que lo necesitaste y ahora sobra. Sobra tanto que ahoga.
Como haciendo equilibrio sobre el minutero, encadenado al ciclo infinito del tiempo, con el presente derrumbándose y cubriendo las salidas, y el futuro desapareciendo en un parpadeo. Dentro de un laberinto con sombras inmóviles, atemporales. ¿Las he visto antes? Si son o están, no importa, ya no puedo escucharlas, porque ya no soy, ni estoy, ni me importa nada.
Recuerdo esa habitación en algún rincón del mundo, o quizás me la imagino. Tan grande como nuestros demonios, tan pequeña que no cabría un suspiro. Cuatro paredes que daría lo mismo si no estuvieran ahí, porque éramos nosotros los que estábamos limitados. Sujetándonos con fuerza de una rutina, mientras la realidad se cae a pedazos.
El mundo avanza tan rápido y aún no puedes levantarte. O no quieres. La vida sigue y no espera a nadie, pero tampoco quieres seguirle el paso. ¿Con qué objetivo? No hay prisa. Aunque el tren siga avanzando no hay nadie esperando en la otra estación, al final de estas oxidadas vías.

viernes, 10 de julio de 2015

Notas desafinadas

Melodías de dos notas en renglones que juegan a ser cuerdas de guitarra, letras en gotas de tinta que manchan los rincones por los que pasan. Repite estos versos, que de poesía no tienen nada, y quizás llegamos a creernos estas palabras desgastadas. El horizonte no es un límite si no permites que te cubran los ojos, las nubes que hacen pasar por invisible lo que está un poco borroso, ni tocar el cielo es necesario si puedes crearlo con tus propias manos. Es preferible hundirse lleno de ilusiones pesadas, caer por un paso en falso, que mantenerse en una superficie de rutinas mecánicas.

Pues bien, que no nos entiendan, si no somos diccionarios, no tenemos todas las respuestas ni el futuro planeado. Los mapas no muestran las sorpresas de los caminos que recorres por ti mismo, aunque no sean lo que esperas. Y qué si nos pasamos el tiempo divagando, algunos vacíos se recorren mejor con los pies descalzos, improvisando sobre el escenario. Cuando te aburras de escucharme hablar puedo enseñarte los silencios, que se disfrazan de espacios en blanco, aprender a dejar una huella con cada salto, a pesar de que no puedan vernos.

No hay muchos ejemplos, y quizás eso sea bueno, encontrar lo que necesitamos mientras nos perdemos, buscando miradas a lo lejos, estrellas que nos pidan deseos. Si tan mal estamos disfrutemos la libertad de equivocarnos, si de errores se forma el éxito ya tenemos medio camino hecho.

Apaga los ecos cuando salgas

Me puse el disfraz de poeta
Para entender, y que me entiendas
Haciendo equilibrio en los renglones
Por encontrar un puñado de letras.
Y me escondí en otros guiones
De intelectuales, artistas, pensadores
Que quedan tan bien en algunos
Y a otros, sólo nos ahogan.
Pero aún me gusta dar vueltas
A las páginas de libros vacíos
Esperando que algunos garabatos
Cubran el silencio del blanco
Compensando la falta de contenido.
Como si al divagar con los versos
Las palabras tuvieran sentido
Y dejáramos de pesar tanto
O al menos tener una excusa
Para distraer los pensamientos
y apagarnos de vez en cuando.

Fragmentos de una realidad rota

Paisajes llenos de vacíos y miradas perdidas a los que ellos llaman compañía. No es que no quiera verlo, el problema es ver demasiado. Existir sin motivos, caminar sin destino, como si eso pudiese llamarse vida. Pinta sin salirte de las líneas y los dejarás contentos, no les hables de libertad porque no podrán entenderlo. Si no dejo que mires a mis ojos es porque lo único que consigues es ver tu reflejo. Más que felicidad, son ausencias lo que te encuentras a la vuelta de la esquina. Las alas no sirven de nada cuando no existe un cielo.

El mundo se cae a pedazos y a nadie pareciera importarle. Guerras, muerte, hambre, y aún te atreves a decir que es un mundo perfecto. Deja la televisión, mira a tu alrededor, verás que no miento. Cuando la realidad es tan oscura es inevitable que las sonrisas se apaguen.

Entiende que si no hablo con ellos es porque no quieren escucharme. No comparto tus límites, no seguiré tus huellas, no soy diferente por negarme a vivir de acuerdo a tus reglas. Simplemente no puedo intentar encajar en un puzzle del que no soy parte. Siento no ser lo que esperas, nunca quise que mis ideales fueran un problema.  Puede que yo sea un error, pero eso no te da derecho a solucionarme.

Reflejos del pasado

No desayunaba cuentos sobre sueños por haber visto a muchas alas estrellarse bajo ese pretexto, por perderse siguiendo una estrella sin mapa, dejando el camino a su suerte. No confiaba en los extremos que rayaban en blancos y negros, que no veían matices cegados por su lucha de egos. No creía en hadas, pero las dibujada, atraída por todo lo que pudiera volar, por la magia. No había sido fácil pero ya no importaba, no le gustaba abrir heridas cortándose con historias pasadas, con paréntesis abiertos y puntos que parecían incompletos.

Con esos ideales (así escuchó que los llamaban) guardados en la mochila, comenzó un viaje, más tarde comprendería que no la llevaría a ninguna parte. Es increíble el poco tiempo que le toma a uno vaciarse, perder la motivación ante tantos interrogantes. Escribió respuestas con lápiz y las guardó entre bocetos de mariposas, pretendiendo resumir la vida en los versos que dejaba en sus hojas. Observando la belleza de frágiles burbujas, comprendió que lo mejor no tiene por qué ser eterno, que en ocasiones los relojes son tan irrelevantes que es posible detener el tiempo.

Encontré su historia en un pedazo de cielo, uno de los mejores secretos ocultos en los susurros del viento. Aún le gusta saltar entre las nubes, iluminar las noches con sus juegos de luces. A veces, sin querer, nos volvemos a ver en fotos antiguas, me recuerda lo grande que puedes ser cuando eres pequeño, reflejando su sonrisa en la mía. 

Sueños de insomnio


Por momentos siento que toco el cielo, que las estrellas están a mi alcance, que puedo ser todo lo que quiero. El mundo es enorme, y lo recorrería completo en una sola noche. Como si el brillo del sol nos invitara, sonriendo, a vivir la vida a través de un camino que no muchos entenderían.

Pero la luz no siempre llega a cada rincón. Y es ahí cuando las plumas se vuelven pesadas, el cielo se cubre y parece que los sueños son sólo cosa de la almohada. ¿Estamos destinados a ser algo? ¿Vale siquiera la pena intentarlo? Quizás estamos donde debemos estar, quizás esto es todo lo que hay. Quizás mi mente vuela muy alto y mis pies no pueden seguirle el paso. Quizás estas letras no son más que tonterías. Puede que la madrugada sea hora de dormir y no de intentar encontrarle un sentido a la vida.

Intermitencia

Bolígrafos negándose a transcribir garabatos
de melodías que prefieren gritar en silencio.
Una realidad congelada en el tiempo
derrite horas sobre papeles en blanco.
En tanta niebla no estamos perdidos
porque nunca nos hemos encontrado
Tan transparentes se ven los destinos
desde que el mapa se borró de nuestras manos.
De incontables vuelos construimos alas
capaces de elevarnos a profundos abismos.
Lugares donde lo confuso encuentra un sentido
y sabiendo todo, no comprendemos nada.
Si no podemos dormir por las noches
matamos las horas contando ausencias,
recordando esas veces que tropezamos
en un mundo que no deja de dar vueltas.
Cuanto más vacía está la sala
más insoportable resulta el ruido.
Las letras se pierden por no ser escuchadas,
como un bosque mudo lleno de árboles caídos.