Melodías de dos notas en renglones que juegan a ser cuerdas
de guitarra, letras en gotas de tinta que manchan los rincones por los que
pasan. Repite estos versos, que de poesía no tienen nada, y quizás llegamos a
creernos estas palabras desgastadas. El horizonte no es un límite si no
permites que te cubran los ojos, las nubes que hacen pasar por invisible lo que
está un poco borroso, ni tocar el cielo es necesario si puedes crearlo con tus
propias manos. Es preferible hundirse lleno de ilusiones pesadas, caer por un
paso en falso, que mantenerse en una superficie de rutinas mecánicas.
Pues bien, que no nos entiendan, si no somos diccionarios,
no tenemos todas las respuestas ni el futuro planeado. Los mapas no muestran
las sorpresas de los caminos que recorres por ti mismo, aunque no sean lo que
esperas. Y qué si nos pasamos el tiempo divagando, algunos vacíos se recorren
mejor con los pies descalzos, improvisando sobre el escenario. Cuando te
aburras de escucharme hablar puedo enseñarte los silencios, que se disfrazan de
espacios en blanco, aprender a dejar una huella con cada salto, a pesar de que
no puedan vernos.
No hay muchos ejemplos, y quizás eso sea bueno, encontrar lo
que necesitamos mientras nos perdemos, buscando miradas a lo lejos, estrellas que
nos pidan deseos. Si tan mal estamos disfrutemos la libertad de equivocarnos,
si de errores se forma el éxito ya tenemos medio camino hecho.

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