Sueño despierta con alas que no se encuentran en los textos,
con la mirada perdida buscando flores en el asfalto, flotando entre realidades
que no se pueden explicar con conceptos. Juego con la luna sin necesidad de
tocarla, susurro a las estrellas con versos y palabras sueltas que oculto bajo
la almohada. Me siento obligada a escribir las historias olvidadas en cajones,
a jugar con juguetes rotos que el tiempo abandonó en los rincones. Repitiendo
sentimientos con los mismos matices pareciera que se tiñen de colores.
En este ritmo tan
repetitivo me gusta encontrar melodías únicas afinando los acordes de la lluvia,
pintando con los dedos las esencias que no veo en ningún boceto. Divago entre
sin sentidos porque es lo único que comprendo, las formas de lo que no lo tiene
y los motivos de lo que está perdido.
Soñar no es tan peligroso como crees, cuando lo que quieres
es dejar de pensar, de intentar comprender lo que sientes. Espero que no me
malinterpretes, aunque no tenga ganas de explicar. Caer no es tan triste, si lo
piensas, es pisar tierra firme (y, a veces, bajar un poco más). El mundo es muy
grande, deja que me pierda, seguro me volverás a encontrar, dando vueltas a las
mismas ideas, sentada en el mismo lugar.
Es curioso cómo pasan las cosas, tan rápido, y nos dejan atrás.
Cómo somos siempre un pasado, recordando a alguien más. Entre tantos vacíos
todo parece tan lleno, y no importa, todo deja de importar, cuando desde el
suelo te preguntas ¿de verdad tengo algo que extrañar? Está todo en tu cabeza,
como esos sueños de los que no quieres despertar. Y no continúan. No vuelven
nunca más.

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