sábado, 22 de diciembre de 2018

1


Estaba rota. Y no era interesante, inspirador, ni hermoso. Solo era intenso, real… demasiado real. No tenía palabras, no tenía colores, ni siquiera papel. No tenía absolutamente nada.
Todo estaba bien, pero seguía pesando tanto. Seguía avanzando demasiado rápido, mientras yo no podía moverme. Ni respirar.
Sentía, eso sí. Y dolía mucho. Solía ser, creo. ¿O lo había soñado?
¿Existimos aún cuando la luz no llega a reflejarse en nosotros? No pasa nada, todo sigue siendo lo de siempre. Pero importa menos.


¿Me habrán visto alguna vez? O quizás, nunca estuve ahí. Todo pasó en mi cabeza, como en una caja de juguetes, siendo yo todos los personajes. Quizás me había dibujado sola, y ya no sabía cómo borrarme.
Lejos de alcanzar una conclusión, pensar no es más que desvariar. Volver a lo mismo una y otra vez, igual que en la vida. A ese estado de no saber qué hacer, de no saber qué ser. O si seguir siendo. De escribir, borrar, seguir escribiendo y guardar. Porque, ¿qué más da? No es real, no soy real, nunca quise serlo.
Pero entonces, ¿por qué sigo escribiendo?

No hay comentarios:

Publicar un comentario